El nombre de "Torta del Casar" proviene de la unión de dos términos que mantienen una relación inseparable con este único y extraordinario queso.
El primero de ellos hace referencia a su forma, y fue desde siempre fruto del azar ya que los antiguos pastores, al utilizar la leche de las ovejas que estaban a su cargo para hacer este queso, se daban cuenta que en algunas ocasiones la pasta interior no se endurecía, permaneciendo en estado semilíquido, y al no poder soportar el queso su propio peso, se hundía, adquiriendo esa forma que hoy todos conocemos. Cuando esto ocurría los pastores decían que el queso se les había "atortao", puesto que les recordaba más a las "tortas" de harina que a los quesos tradicionales.